miércoles, 23 de enero de 2019



                En nuestros países latinos algunas personas utilizan la palabra “humilde” equivocadamente, como un sinónimo de “pobre”.
                La humildad tiene mucho más que ver con la riqueza que con la pobreza.  Una persona verdaderamente humilde es una persona sabia, fuerte, justa, equilibrada, virtuosa. 
“Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza.”               Rabindranath Tagore

Se requiere mucha más fortaleza para apartarse de una riña que para continuarla.  Se requiere mucha más valentía para callar ante una injuria que para contratacar.  Se requiere humildad para aceptar la injusticia y esperar vindicación de parte de un Dios vivo que venga el agravio cometido por aquéllos que nunca se arrepienten.

“No seas jamás humilde con los soberbios, ni soberbio con los humildes.” Jefferson Davis
La humildad es algo que todo ser humano debiera tener como meta en la vida, y un valor precioso que debiéramos transmitirle a nuestros hijos desde pequeños.
La humildad nos permite tener conciencia acerca de quiénes somos, de nuestras habilidades y de nuestras incapacidades;  de nuestras cualidades y de nuestros defectos; de nuestras fortalezas y de nuestras debilidades, permitiéndonos así ser objetivos tanto en cuanto a nuestra área de influencia como a su margen.
Esto hace que nos sintamos satisfechos en nuestro desempeño y permite que hagamos espacio para otros que pueden y deben hacer aquéllas cosas que nosotros no dominamos (cónyuges, hijos, maestros, amigos, ingenieros, arquitectos, plomeros, carpinteros, herreros, pintores, músicos, cocineros, sastres, doctores, empleados, jefes, etc.)
La humildad nos protege de la frustración que viene como resultado de tener un concepto más alto de nosotros mismos que el que debemos tener; o de “sentirnos” relegados por aquéllos que tienen más capacidad o conocimiento que nosotros.
La humildad nos guarda del resentimiento u odio que pueden surgir como consecuencia de la envidia, y nos permite admirar a aquéllos que son diferentes a nosotros, y agradecer su participación activa en nuestras vidas.

“El orgullo divide a los hombres, la humildad los une.” Sócrates
La humildad nos concede reconocer nuestras limitaciones, obligándonos a detenernos al llegar a nuestro límite, evitando así el daño que provocan los impulsos irresponsables, la ignorancia y la arrogancia (soberbia).

 
“El pedante interpreta como ignorancia la sencillez y la humildad del docto.” 
                                                                                 José María Escrivá 

            “Humildad es la consciencia, llena de paz, de nuestras capacidades y debilidades, sin orgullo ni reproche.  Es la actitud que nos permite recibir, pedir y dar, sin ninguna incomodidad ni altivez.”  (Frase de la Autora)
La humildad nos permite disfrutarnos a nosotros mismos tal y como somos.  Nos otorga la satisfacción de amarnos por lo que somos y por lo que queremos ser.  Nos permite experimentar, intentar, fijar metas realistas y crecer en sabiduría, conocimiento y amor, con paz y felicidad:  venciendo obstáculos, alcanzando metas y también dejando con mansa tranquilidad aquello que prueba ser inadecuado para nosotros.
La humildad nos libra de la desesperación o de la irritabilidad que provoca la conciencia de la incapacidad.  (El dolor que provocan la falta de comprensión, ayuda, y amor de parte de otros es una cuestión aparte, a tratar en otra ocasión.)
La humildad nos permite abrirnos a cosas nuevas.  Nos hace más sensibles hacia las necesidades y nos da un oído abierto para percibir la verdad.
La humildad nos concede reconocer nuestros errores y faltas, pedir perdón y recomenzar tantas veces como sea necesario, aprendiendo, cambiando todo lo que deba ser cambiado, y continuando hacia la meta de la perfección anhelada.
La humildad es un gran aliado de la justicia, la paz y la felicidad.
Desde pequeños, al empezar a movernos independientemente empezamos a descubrir el poder del “PUEDO”.  Cada uno va descubriéndose poco  a poco, y se nos enseña a confiar y a creer en nosotros mismos.  Y esto está bien, pero recordemos que no somos dioses, sino seres humanos finitos y limitados por la inescrutable sabiduría y el amor de un Dios todopoderoso que a través de estas  limitaciones y retos desea despertar en nosotros el deseo de lograr Su perfección, y llegar a ser parte de lo eterno.
Con humildad vamos a poder ver.  Y viendo vamos a poder encontrar soluciones a los problemas y lograr ser parte de un equipo perfecto (dirigido por Dios) para lograr sobre la Tierra una vida placentera, llena de toda clase de cosas buenas:  plenitud.
¡Busquemos la humildad!  ¡Abracémosla y atesorémosla!, y dejemos que nos guíe hacia esa vida maravillosa que tenemos por delante, si tan solo la escogemos y nos hacemos partícipes de ella, pues seremos nosotros mismos quienes la forjemos.


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Canciones:

M. A. Solís:  "¿A dónde vamos a parar?"
L. Miguel:  "Te extraño"; "O tú o ninguna"
Sabú: "Tal vez sí, tal vez no"
G. Michael:  "Careless Whispers"
S. Méndez: "Never gonna let you go"
Elton John: "Don´t go breaking my heart"
Chicago:  "If you leave me now"
N. Cole: "I miss you like crazy"
J. Mathis: "The twelfth of never"
L. Richie: "Truly"